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De una idea escrita en tres líneas a un proyecto de software

Praetoria Tecnológica · 27 de octubre de 2026 · 1 min de lectura

Imagina que nos escribes esto: «Quiero que mis trabajadores marquen cuándo empiezan en cada sitio, suban fotos al terminar y que yo vea qué falta». Son tres líneas. Así se convierten en un proyecto.

1. Entender qué quieres conseguir

Detrás de esas líneas hay un objetivo: saber en todo momento qué trabajos están hechos y tener pruebas de que se hicieron. Lo resumimos y te lo devolvemos para que confirmes que lo hemos entendido.

2. Dividirlo en píldoras

Cada píldora es una pieza comprensible:

  • Acceso del equipo: cada trabajador entra desde su móvil y ve sus trabajos.
  • Inicio y fotos: marca el inicio y adjunta fotos al terminar.
  • Panel del responsable: pendientes, en curso y terminados de un vistazo.

3. Preguntar solo lo que cambia el proyecto

¿Los clientes también tendrían que ver las fotos? Si la respuesta es sí, aparece una píldora nueva; si es no, no complicamos nada.

4. Que decidas tú

Puedes corregir cualquier píldora, quitar las que sobran, añadir lo que se te ocurra y marcar qué es imprescindible para la primera versión.

5. Validar y presupuestar

Cuando dices «así es como lo imagino», guardamos esa versión tal cual y nuestro equipo prepara el presupuesto sobre ella. Si después cambias algo, se crea una nueva versión y vemos qué ha cambiado: nada se modifica a escondidas.

Puedes probarlo ahora mismo en el Estudio de Ideas.

¿Tienes una idea parecida? Cuéntanosla y empezamos a darle forma.

¿Te ayudamos con esto en tu negocio?

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